La “evidencia científica” es una de las expresiones peor interpretadas

Del inglés "evidence" heredamos un término que, en español, puede inducir a pensar en certezas cuando, en realidad, la ciencia habla de pruebas con distinto grado de solidez. Comprender esa diferencia es clave para interpretar mejor la información sobre alimentación y salud.

Por Juan Revenga Frauca · Dietista-Nutricionista

Una palabra que parece decir más (y normalemente menos) de lo que realmente dice

"Hay evidencia científica". Pocas expresiones tienen tanta capacidad para reforzar un argumento. Se utiliza en artículos, redes sociales, congresos o conversaciones cotidianas y suele dar la impresión de que el asunto está definitivamente resuelto. Sin embargo, no siempre significa lo que la mayoría interpreta.

Parte de la confusión puede deberse al propio lenguaje. En español, "evidente" suele entenderse como algo claro o incuestionable. En cambio, cuando un científico habla de "evidencia científica" se refiere, en realidad, a las pruebas que respaldan una determinada conclusión, no a una verdad absoluta.

Del inglés al español: pequeñas diferencias con grandes consecuencias

El término inglés 'evidence' significa, en el ámbito científico, "pruebas". Al incorporarse al español, "evidencia" adoptó ese sentido técnico, pero siguió conviviendo con su significado habitual, asociado a lo que resulta manifiesto o difícilmente discutible.

Esta diferencia puede llevar a interpretar que una afirmación está definitivamente demostrada cuando, en realidad, solo indica que existen pruebas que la apoyan. La ciencia no trabaja con certezas inamovibles, sino con la valoración crítica de las pruebas disponibles.

Las pruebas son diferentes y por eso suele ser necesario más de una

Como ocurre en un juicio, no basta con afirmar que "hay pruebas". Lo importante es saber cuáles son, cuántas existen y qué calidad tienen.

En investigación tampoco todas las pruebas pesan igual. Un estudio realizado in vitro no ofrece la misma información que uno en personas; un trabajo observacional puede detectar asociaciones, mientras que un ensayo clínico permite establecer relaciones causales con mayor solidez. Además, una revisión sistemática que integra múltiples estudios suele aportar una visión más robusta que un trabajo aislado, siempre que los estudios incluidos sean de calidad.

Por eso, la pregunta importante no es si existe evidencia, sino qué fuerza tienen las pruebas que la sustentan.

La evidencia científica no es un interruptor

La evidencia no funciona como un sistema de "sí" o "no". Se construye progresivamente a medida que aparecen nuevas investigaciones. A veces las pruebas son limitadas, otras contradictorias y, en ocasiones, muy consistentes.

Lejos de ser una debilidad, esta capacidad de revisión constituye una de las principales fortalezas de la ciencia. Las conclusiones siempre pueden modificarse si aparecen pruebas mejores o más sólidas.

En nutrición y dietética esta es una batalla constante y cotidiana

El contexto de la alimentación (que otros dicen "nutrición") ilustra especialmente bien este proceso. Cada semana aparecen estudios que atribuyen beneficios o riesgos a determinados alimentos. Sin embargo, un único estudio rara vez modifica el conocimiento científico por sí solo.

Su verdadera importancia solo puede valorarse al compararlo con el conjunto de las investigaciones disponibles. En ocasiones confirma lo que ya se sabía; otras aporta matices o incluso resultados aparentemente contradictorios que deberán verificarse. La ciencia avanza acumulando pruebas, no encadenando titulares.

Cuidemos el lenguaje y cultivemos un saludable espíritu crítico

Expresiones como "la evidencia demuestra" o "la evidencia dice" pueden transmitir una sensación de certeza excesiva. En muchos casos sería más preciso afirmar que las pruebas disponibles sugieren, respaldan o permiten concluir una determinada recomendación con un grado concreto de confianza.

Por eso, cuando alguien invoque la "evidencia científica", conviene hacerse algunas preguntas: ¿qué pruebas existen?, ¿qué calidad tienen?, ¿coinciden entre sí?, ¿hasta qué punto apoyan esa conclusión?

Porque la evidencia científica no consiste en que algo sea evidente, sino en valorar con rigor el peso de las pruebas disponibles. Ese matiz cambia por completo nuestra manera de entender cómo funciona la ciencia.

Este texto es un resumen del artículo publicado originalmente en "Consumidor Global", accesible desde este enlace https://www.consumidorglobal.com/alimentacion/evidencia-cientifica-es-expresiones-peor-interpretadas_19864_102.html

Todos los artículos